lunes, 23 de marzo de 2015

EN LAS SUBASTAS, SE HIPOTECA ANTES DE COMPRAR



         Pongamos que vas a participar en una subasta porque quieres hacerte con un pisito en el Paseo de Silgar a precio de ganga. Enciendes al ordenador, miras en el Portal de Subastas Judiciales y… ¡oh cielos! ¡Ahí está! ¡A un paso de la Madama! Vas a tu Banco, pides un aval del 5% de la tasación para participar y, casi sin quererlo, resulta que ya te lo has adjudicado por unos módicos 100.000.
         El problema es que no tienes los 100.000. Como todo el mundo, necesitas hipoteca. Pero mientras no pagues y registres el piso a tu nombre, no te darán el préstamo, pues no tendrás nada que hipotecar. Que lío.
         Vale, pues en las subastas es al revés. Lo que se hipoteca no es el piso, sino un papelito que te da al Secretario del Juzgado cuando ganas la subasta (su nombre es “testimonio del decreto de aprobación del remate” y lo regula el 670.6 LEC). Con dicho documento se otorga la escritura de hipoteca, se registra y el banco te da el dinero (¡hazte idea de que aun no eres el dueño!). Ipso facto, pagas en el Juzgado el cual expide el Auto de aprobación del remate, lo registras y ya te inscriben como dueño.

         Y por arte de bilibirloque legal, la “hipoteca sobre el derecho de remate” se transforma automáticamente en “hipoteca sobre la propiedad”.



   


         Para no quedarse con una sola, La otra cara de Madrid

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